Cuatro horas de vuelo y aterrizas en otro planeta: volcanes activos, cascadas que te empapan desde treinta metros, playas de arena negra y, si tienes suerte, el cielo bailando en verde. Islandia tiene un problema de lujo: hay dos versiones y las dos son irresistibles.
El invierno de las auroras
Días cortos, paisaje nevado y la aurora boreal como obsesión colectiva. El plan clásico: 4-5 noches con base en Reikiavik, Círculo Dorado, costa sur hasta el glaciar de Jökulsárlón y la Laguna Azul. Las salidas nocturnas de caza de auroras dependen de la predicción — resérvalas al principio del viaje, no al final, por si toca repetir.
El verano de la carretera sin fin
Con más de veinte horas de luz al día, rodeas la isla entera por la Ring Road: los fiordos del este, el lago Mývatn, la península de Snæfellsnes. Es también la época de los frailecillos y de las tierras altas abiertas — a cambio, más turistas y precios en su punto más alto.
Lo que no te puedes perder, en cualquier estación
- Círculo Dorado: Þingvellir, el géiser Strokkur y la cascada Gullfoss.
- Costa sur: Seljalandsfoss (se cruza por detrás), Skógafoss y la playa negra de Reynisfjara.
- Jökulsárlón: icebergs a la deriva y la Playa de los Diamantes.
- Un baño geotermal: la Laguna Azul o su alternativa local, la Secret Lagoon.
¿Volante propio o conductor local?
En verano, conducir por tu cuenta es sencillo. En invierno — hielo, viento, carreteras que cierran sin avisar — el circuito con conductor local gana en seguridad y en acierto con las auroras. Mira los itinerarios de nórdicos y auroras, con vuelos desde España incluidos.