Vietnam es el viaje que sorprende incluso a quien ya se cree muy viajado: más variado que Tailandia, más barato que Japón y con una historia que no te suelta. De norte a sur son 1.700 km de arrozales, bahías de leyenda y ciudades que directamente no duermen.
Hanói y la bahía de Halong: el arranque perfecto
El casco viejo de Hanói — 36 calles, cada una de un gremio distinto — se recorre a pie y esquivando motos ajenas. A tres horas, la bahía de Halong: 1.600 islotes de piedra caliza saliendo del mar como si alguien los hubiera colocado a mano. Duerme una noche a bordo de un junco; el amanecer entre karsts es el momento que te llevas a casa.
Hue y Hoi An: el centro con más carácter
Hue pone la historia imperial sobre la mesa; Hoi An es el pueblo más bonito de Vietnam sin discusión posible — casas amarillas, farolillos, sastres que te hacen un traje en 24 horas y playa a diez minutos en bici.
Ho Chi Minh y el Mekong: el cierre con memoria
Saigón es energía pura y también memoria: los túneles de Cu Chi y el Museo de la Guerra no se olvidan fácilmente. Remata en el delta del Mekong, donde la vida entera transcurre sobre el agua.
Cómo organizarlo sin perder días
Las distancias piden vuelos internos, y la burocracia (visados, trenes, barcos) suma fricción de sobra: es un destino donde el circuito organizado te quita muchísimo trabajo de encima. Encuentra itinerarios por Vietnam — algunos combinados con Camboya y los templos de Angkor — en grandes viajes.